Natalia y lo que habita su mente

Historias, poesías, reflexiones y críticas literarias. Todo por el amor a la literatura…

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El corazón

Éste, a pesar de ser otro de mi juventud (y el último que incluyo en el blog), es uno de mis favoritos. Tal vez porque siento que es el más honesto. No lo sé. Espero que el lector también lo disfrute.

¡Oh, corazón mío!
¡Cuánto te quiero,
cuánto te odio!
¿Qué me dices?
No te entiendo.
No susurres, ¡GRITA!
No llores en silencio
entre velos de zozobra.
¡Sal de tu oscuridad,
fortalece tu coraje,
demuestra tu voluntad!
Yo te escucho,
me sumerjo en tu mundo,
pero no me arrastres en tu pena,
ven a mi júbilo,
coge mi mano,
y bailemos juntos.
No te arrastres en mis entrañas,
Salta en mi pecho.
No huyas de tus sentimientos,
abrázalos con el recuerdo.
No seas cobarde
No blasfemes, no llores
No seas indulgente
No seas convaleciente
No seas rencoroso
No seas celoso
No te escapes de la verdad,
nuestra verdad.
Busca tu libertad,
no huyas del pasado,
no lo busques,
no te hundas en él,
no lo niegues,
ámalo como me amas a mí.
Yo no te niego,
en tu ocaso te acompaño,
a tu aposento visito.
Te sigo en el presente,
te sigo en el futuro.
No nades en tu sangre,
escupe tu felicidad…
que brote a tu alrededor,
que se expanda en mi alma.
¡Oh, corazón mío!
¡Oh, mi dulce e inocente corazón!
No sacrifiques tu dulzura,
no dejes que las moscas saboreen tu miel.
Apártate de lo muy dulce,
de lo muy salado.
No te ablandes, te derretirías,
no te endurezcas, te partirías.
Sé fuerte en su momento,
no flaquees, no vomites debilidad.
Cuida tu postura,
resucita tu felicidad,
no llores en el recuerdo,
llora con él.
Tú, corazón…
tú todo lo tienes,
abandona el sufrimiento,
goza del placer del palpitar,
tienes que alcanzar una meta
que sueles admirar.
No te entregues a la pasión,
ésta es maligna, traicionera,
utilízala, pero no la mudes a tu hogar.
¡Oh, corazón mío!
¡Cuánto te quiero,
cuánto te odio!

Agosto, 1995

La vida

Otro poema sobre la vida. Esta vez más corto que el anterior.

Es un libro abierto
que refleja un deseo,
y no uno, sino dos… y tres,
pero la vuelta a la hoja no le des,
encontrarás, si lo haces,
una hoja en blanco; no lo dudes.

Sólo puedes avanzar,
pero no tengas prisa en terminar,
satisfecho puedes estar
si has sabido aprovechar,
el recorrido a través de las páginas
que te ha brindado tu comprensión.

Estarás contento de la razón
que te habrá otorgado el corazón
por saber vivir la vida
con cariño, amor y emoción.
Sigue viviendo la vida
y disfruta la lectura con alegría.

1994 (mes desconocido).

Sin nombre

Este cuento – o relato – lo encontré mientras buscaba cosas de mi juventud que añadir a este blog. Me parece que tiene potencial, pero parece que no logré escribir mucho y lo dejé sin terminar. Así que aquí lo voy poniendo y tal vez a los lectores se les ocurran ideas para seguirlo. Tal vez podamos hacer de éste, un relato de colaboración. Me encantará oir ideas y sugerencias. Yo, por mi parte, intentaré añadir algo para seguir el relato y no dejarlo así, sin un medio ni un final.
Lo he editado desde el original, para mejorarlo (o eso creo que he hecho).

Allí estaba sentado. Apartado del resto, ojeaba en silencio y con cautela las destrozadas páginas de un periódico de agosto.
Corrían lágrimas por su rostro. ¿Le extrañaba, quizás? Sin duda, algo sentía. Su corazón palpitaba con fuerza cada vez que su mirada caía sobre esa página.
La foto, el reportaje. Todo le decía que el morbo se hallaba presente, que quien lo había escrito lo había hecho con el subjetivismo propio de ese tipo de artículos. Tal vez no. Probablemente su imaginación le jugaba una mala pasada.
No podía dejar de pensarlo. Al fin y al cabo, se sentía culpable y reinaba en su interior un profundo sentimiento de frustración y desasosiego. ¿Por qué? Él no era responsable de lo ocurrido.
Volvió a mirarlo. El título. Le volvía a decir que el artículo era lúgubre, funesto, sombrío y cargado de mucho desagrado que despertaba un sentimiento de hostilidad en su persona.
Lo pensaba de nuevo; no podía ser cierto. Al observar nuevamente la foto se percató que sus ojos se humedecían cada vez más y las lágrimas corrían rápidamente por sus mejillas. Acariciaba la foto, a su hijo. Yacía en la acera. Muerto.
“¿Cómo? ¿Por qué él?” Se preguntaba incesablemente.
“Si no hubiésemos discutido, entonces él…” Decía murmurando, con la voz entrecortada y apenas audible.
“Quizás haya sido un error traerte aquí. Pensé que te animaría estar entre amigos y socializar con nuevos contactos.” Le echó una mirada de soslayo al periódico que apretaba su amigo entre las manos.”Pero veo que eres incapaz de despojarte de ese viejo periódico sucio”. Concluyó resignado y con algo de resentimiento.
“Yo…” sollozó. Parecía un niño inmaduro y frustrado. No sabía ni siquiera dónde estaba o cómo había llegado allí. Permanecía demasiado ensimismado como para tratar de hablar.
“Vamos, Jose” le dijo Marco, su mejor amigo. Le había apoyado desde el principio, desde que hacía casi dos meses le habían notificado de la muerte prematura y presuntamente accidental de su hijo.
“Sí… creo que sea lo mejor. Yo… lo… siento” Se disculpó taciturno.
Volvió a su taller en el centro de la ciudad. Pensó que posiblemente podría olvidar si se daba la oportunidad. Nublar su mente con proyectos futuros. Dejar el pasado en manos de lo inevitable y proseguir con su vida, aún siendo consciente que el vacío que le había dejado la pérdida de su hijo no se llenaría jamás.
Sin embargo, había algo que le daba vueltas en un recóndito lugar de la mente. Era un malestar, un sentimiento que iba más allá de su pérdida. Algo en su mente le convencía de que aquella maldita noche no transcurrió como lo relataba el dichoso artículo. No cuadraba del todo.
Esos pensamientos le llevaron a la última discusión que mantuvo con su hijo, la cual transcurrió, precisamente, la noche de su muerte.

Poesía

Tal vez resulte algo cliché escribir una poesía sobre lo que es poesía, pero no sería la primera. De hecho, aquí plasmo una corta de Gustavo Adolfo Bécquer:
“¿Qué es poesía?” dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
“¿Qué es poesía?” ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Es realmente preciosa. Simple y concisa. La mía es algo más larga y, como era mi estilo en aquel entonces, un tanto más enrevesada. No me demoro más, y ya juzgará el lector lo que le parece.

¿Qué es poesía?
Quizás sea la canción
que nace en tu corazón.
Puede que no:
puede que sean las palabras,
que no salen cuando hablas.
¿Pero qué es realmente?
Es belleza y es tristeza,
es una amarga metáfora,
o un alegre conjunto de letras.
Es algo que a duras penas nace,
que difícilmente crece
y que tristemente muere.
¿Pero cuándo es bella la poesía?
Cuando te la ha dictado tu interior,
cuando no debes usar la razón,
cuando, al escribir, pierdes la noción,
cuando, sin buscarlo, ves lo que has hecho:
has revelado algo que te inquieta.
¿No es bonito?
Creer que las palabras no importan,
cuando realmente importan.
Cuando descubres la hermosura
de una humilde escritura.
Porque ya no eres vulnerable,
ahora eres alguien,
que sin buscarlo ni pensarlo,
has llegado a otro corazón solitario.
Sí, expresarse es poesía,
ser tú mismo al escribir es poesía,
vivir tu vida mediante palabras…
es, sin más… poesía.
Pero, cuán importante es amar lo escrito
cuando por fin le has dado sentido.
¿Es realmente poesía,
si el corazón no ha sido el guía?
¿Es realmente poesía
no amar lo creado
y escribir sin sentir
lo ya acabado?

Septiembre, 1994

La vida

¿Quién no se ha sentado a cavilar sobre el rumbo de su vida? ¿Sobre lo compleja que ésta puede parecernos a veces y sobre el camino que hemos tomado y el que nos queda por recorrer?
Este poema, a continuación, también fue escrito durante mi adolescencia, aunque pasados ya algunos años desde entonces, tal vez debiera (o, mejor dicho, me gustaría) recapitular sobre esas ideas y darle un nuevo ángulo.

¿Qué es la vida?
Es un camino sin guía,
es un sueño sin pesadilla,
es la maravilla de sentir,
es la hermosura de vivir.
La vida es la luz
que torna al mundo,
es un sentimiento muy profundo
que te hace querer.
Hay que saber vivir,
hay que saber perder,
no hay nada que temer,
también hay que sufrir.
Es necesario saber afrontar,
los pequeños y grandes problemas,
que si no se cuidan,
se convierten en auténticos dilemas.
La vida no es abandonar,
cuando algo te sale mal,
es saber llevar,
lo que te hace reflexionar.
¡Ay… vida!¡Quién pudiera
ignorarte como una piedra!
Ya que a veces,
se lo haces pasar fatal
a quienes no te comprenden
y no entienden…
el sentido de sus vidas.
Eres dulce y amarga,
eres buena y mala,
hay que saber utilizarte,
para poder amarte.

Junio, 1994

Soledad

La soledad es un tema que me persigue desde muy temprana edad. Puede que sea por ello que me gusta escribir sobre esta amiga tan fiel. Me ayuda escribir cuando me siento baja de ánimos y, como la soledad se me acerca de vez en cuando, le dedico unas líneas como agradecimiento por la inspiración que me ofrece.

Soledad, soledad
Triste y amarga soledad.
Te despoja de toda libertad
y te aparta de la verdad.
Tan fría y sombría
que te absorbe todo tu ser
y te deja sin ningún querer.
Te sientes abandonado
gran amigo de lo odiado
y sin respuestas a tus preguntas,
llorando y pensando te acuestas.
Música de fondo
que te hace reflexionar
llegas a lo más hondo
y no dejas nunca de pensar.
¡Oh, maldita soledad,
ladrona de amistad,
desgarra tu dignidad
y te envuelve sin piedad!
Si tú supieras
que lo que más temo
es que te fueras…
que me quedara sin ti.
No piensas sin llorar,
sólo quieres que te quieran,
sólo deseas amar,
deseas no sentirte así.
No hay nada peor
que sentirse solo
no se le comprara ningún temor,
porque no hay otro.
La muerte a tu lado
es todo un regalo
yo prefiero morir
que de este modo vivir.
Cómo odio sentirme así
te quiero a ti,
quiero que estés junto a mí
y que me digas que no estoy sola, como creí.
Ojalá todo se basara
en la compañía del amor,
no habría vida amarga
contigo en mi corazón.

Mayo, 1994

Racismo

Esto lo escribí a los 16 años. Aunque he crecido un poco desde entonces y tenido más experiencias en la vida y he conocido más gente y culturas, la idea principal de la reflexión sigue allí y quise compartirla con los lectores de este humilde blog.

Racismo: Ésa es una palabra que cuando la oigo en cualquier lugar me vienen a la mente términos como prejuicio, ignorancia, enemistad, injusticia… y otros que no sería necesario mencionar.
Yo creo que cada uno tiene su idea escrita sobre lo que es el racismo, todos tendrán su opinión poco subjetiva de lo que esta indigna palabra significa. En realidad, ¿qué es el racismo? ¿Es sólo objeto de nuestra imaginación? ¿Es un hecho? ¿O es algo que alguien inventó?
Yo creo, ahora que lo pienso, que esta palabra ha sido creada para justificar el comportamiento de superioridad de algunos sobre otros.
Porque, si no, ¿cómo se puede juzgar a un ser humano por su color de piel? ¿Cómo es que hay gente que al ver a alguna persona de distinto color de piel que la suya propia caminando por una acera, se pasan a la otra? ¿Cómo se puede justificar que una persona tenga miedo a otra por ser de otro color, si no diciendo que es racista? Es increíble pensar en esto, es increíble pensar que hay un grupo formado por tres K que matan a aquella gente que no tiene su mismo color de piel y, más allá, a aquellos que defienden que el color no impide que todos los seres humanos sean… seres humanos.
Siguiendo la teoría de los “racistas”: “son personas de diferente color, hay que acabar con ellos”… ¿no habría entonces que acabar con todos? ¿no habría entonces que matarse unos a otros? Al fin y al cabo, estoy segura de que no hay dos personas que posean el mismo color en el tono de su piel, ni siquiera habrá dos personas iguales… ¿o sí? ¿No es eso lo que caracteriza al mundo? ¿La diversidad? ¿La diferencia? En este mundo, en este mundo tan hermoso, lo más bonito de él es que todo es diferente, es lo más bello que La Naturaleza ha otorgado. Es lo más hermoso que la Madre Tierra posee. ¿Es que acaso hay dos paisajes iguales? ¿Es que si a un grupo de personas no les gusta el verdor se dedican a acabar con él?
¿Hasta cuándo va a durar esto? Quizás quede mucho por aprender, de eso estoy segura. Hay que aprender que la belleza está en el interior, que no todo lo blanco es puro y eso es una metáfora. En realidad, no se puede juzgar a un ser humano por tener su piel oscura, blanca o morena; por tener rasgos africanos, anglosajones o indios… No se puede pretender que todos seamos iguales. No se debe querer hacer “un solo”, no se debe hacer al ser humano al gusto de unos cuantos que no respetan la intimidad de un orgulloso por su color de piel. En realidad, los blancos nunca han (hemos) sido quiénes para juzgar a nadie. Somos la raza más reciente e ignorante. La sabiduría la poseen aquellos que han vivido y pertenecido a este planeta durante milenios sin corromperlo, ensuciarlo o maltratarlo.
No digo que todos los blancos seamos malos. No.
Hay en este mundo toda clase de personas: buenas, malas, inocentes, ingenuas, odiosas, malévolas… y eso ya no depende de nada más que de su propio corazón. El guía de la vida, el que nos lleva por el buen camino y nos conduce a nuestro destino y el corazón no tiene color, como no lo tiene la bondad, la generosidad, el amor, la ternura, la verdadera belleza…
Lo realmente increíble del racismo es que surgió de la nada, es que aquel que padece esta “enfermedad”, “aprende” a odiar a todo aquel ser humano que tenga la piel no de su color, que tenga una raza diferente a la suya.
El racismo ha sido una palabra que, además de entrar en el diccionario, entra en el corazón de algunos seres humanos (?) cerrando no sólo sus ojos para cegarlos, sino también sus corazones que siguen el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”.
Es realmente penoso descubrir que hay vidas que nacen para ser inculcadas al racismo. Les enseñan a odiar (…)
(…) En realidad hay que mirarlo bien. ¿Es que acaso un niño de dos años juzga a alguien porque es diferente a sí mismo? Este niño es inocente, es libre porque nadie le ha enseñado algo que quizás ni siquiera piense. Nadie le ha enseñado a juzgar por las apariencias, nadie le ha enseñado a no mirar el interior antes de juzgar. Un niño de esta edad no juzga, vive sin molestar, por eso hay que prestar más atención a los niños, no hay que enseñarles, ellos han de aprender de la vida y de sus diferentes calles. Ellos han de buscar el camino que les guía su corazón, han de aprender de los conocimientos que ellos mismos tienen. Al fin y al cabo, no todos los genios fueron estudiantes modelo.
Pero me desvío un poco del tema, aunque no del todo… ¿quién sabe realmente por qué es racista si es que lo es?

Mayo, 1994

Conocerse

Gran error es huir del pasado
para percibir un nuevo futuro.
El tiempo se ha hecho dueño de mi vida,
las horas pasan y así los días.
Todo se me escapa de las manos,
la dependencia que tanto buscaba,
ahora aborrezco.
Los sueños con los que me ilusionaba
se convirtieron en pesadillas.
Sueño despierta, muero soñando.
Lágrimas desconocidas se deslizan por mi rostro.
No las conozco, jamás las había visto.
Pensé que era feliz,
pero en esta felicidad estoy perdida.
Vivo en un mundo más grande,
nuevo, rodeada de extraños.
No me conozco, olvido quien soy.
Vestigios del pasado procuran
con cautela llenar huecos vacíos
que en mi memoria habitan.
Cuándo me fui, no lo recuerdo…
Quién tomó mi lugar,
es ahora mi dueña.
Preñada de confusión y tormento
se encuentra mi mente,
celosa de mi corazón
porque apenas siente.
El dolor del deber
me miente, me confunde,
me enreda en una red
en la cual mi alma se encuentra ausente.
Estoy perdida en un océano de ilusiones,
me hundo en la profundidad del desengaño.
He de flotar nuevamente
al mundo trascendental del que provengo.

Mayo 2003

Escribir

Tomo este bolígrafo
por primera vez en mucho tiempo.
El olvido de escribir
se ha convertido en tormento.
Sustituir una pasión
por un etretenimiento es pecado.
No ser consciente de ello es traición
que ataca al corazón.
El tiempo se ha acumulado,
mi corazón parece haber marchitado,
y la esperanza de dar a luz
a una poesía nada vagamente en mis entrañas.
Mi amor hacia el instrumento
de mis sentimientos no ha muerto.
Mis manos tiemblan cuando tocan
el ligero material en que mis
palabras descansan.
La inseguridad se hace dueña de mi mento, mi corazón.
El pánico cunde en mi interior
y me siento fracasada.
¿Dónde se escondió la poesía?
o, ¿hacia dónde se ha ido la inspiración?
Temo escribir sin sentirlo,
llorar sin derramar lágrimas.
¿Acaso el desierto ha inundado mi alma?
¿Acaso no puedo crear, unir palabras?

Mayo 2003

La ausencia de las estrellas

Este cuento lo escribí a los 15 años. Mi abuelo yacía en el hospital tras un accidente de coche a causa de un derrame cerebral. Quería hacerle sentir mejor cuando lo fuera a visitar, así que le escribí “La ausencia de las estrellas”. Hace años que no lo leo, así que será tanta sorpresa para mí como para ti, querido lector. Aquí lo presento sin ediciones desde que lo escribí hace 18 años.

Era una mañana de primavera. Una mañana en la que el sol mostraba su infinita belleza posando en el siempre y brillante azul cielo.
Los cirros jugueteaban a través de la lejanía más alta en el firmamento. Los bosques cantaban una dulce melodía a compás de la tierna brisa que acariciaba, a su vez, la hierba y los pétalos de las flores.
Las olas lloraban la triste canción de su soledad mientras lamían las duras y grices rocas.
Allí, sentada, se encontraba Nina. Pensaba en qué podría hacer.
De pronto alzó su mirada al profundo cielo y posó todo su cuerpo sobre las rocas. Acomodó sus manos tras su cabeza y meditó. Quería que oscureciese para observar las estrellas y encontrar en ellas una siempre sincera respuesta.
Sí, le gustaban las estrellas. En ellas veía la esperanza de lo divino y lucía en su brillo la eterna felicidad de la humanidad. Cada vez que las veía, sentía como si algo bonito y esperanzador invadiera cada rincón de su corazón.
Cada estrella era para ella como una gota de felicidad. Pensaba que cada persona tendría su estrella menos ella, y es que a ella todas las estrellas le parecían hermosas. Le parecía injusto tener que elegir una entre tantas.
Era como pedirle a un cantante que renunciara a la melodía de la canción teniendo sólo la letra.
Elegir una estrella, era hacerle daño a la naturaleza, que tan divinamente había colocado tantos astros luminosos en su oscuro manto lleno de magia, y a sí misma, ya que la belleza no se puede medir de mayor a menor. Porque cuando hay varias cosas bellas, no hay dónde elegir.
La astronomía le fascinaba, sabía que aunque no le diera dinero de mayor, sí le daría felicidad y sabiduría. Ella consideraba riqueza al saber, y ella quería aprenderlo todo acerca de lo desconocido fuera de su planeta.
Estando allí acostada, en las rocas y pensando, se quedó dormida.
De pronto y escandalizada se despertó. Ante sí se encontraba la cosa más horrible que jamás hubiera visto. El cielo “no brillaba”. No, no tenía estrellas, ni luna, ni a la siempre visible Venus. Sólo quedaba la negra seda de la noche, que envolvía a todo aquello que la rodeaba.
En un principio, Nina pensó que era una de esas nochees en que no se veían las estrellas ni nada, aunque seguía algo asombrada y preocupada, ya que lo que sí se veía siempre era la hermosa Polar, que ese día, precisamente, no brillaba por su luz, sino más bien por su ausencia.
Nina pensó que lo mejor sería volver a la casa, comer algo y acostarse nuevamente, ya que le invadía un pesado sueño.
Comentó con los demás, mientras comía, lo extraño de la inesperada desaparición de sus más valiosos diamantes nocturnos, aunque ellos le dieron poca importancia, lo cual la tranquilizó algo… aunque su tranquilidad no duraría mucho (…)
Se acostó.
El despertador la despertó a las nueva y media del siguiente día. Como cada mañana, lo primero que hizo fue estirar un poco su cuerpo y frotarse los ojos para despertar mejor. Secundariamente se dirigió al baño a lavar la suave tez de su rostro para, así, despertar completamente.
Cuando por fin estaba totalmente despierta, se enfadó. Aún era de noche (…)
“¡Rayos y truenos! Ese despertador las va a pagar”. Pensó enfadada.
Lo cogió con enfado y se dirigió a otro reloj de la casa, luego a otro y otro (?). Todos marcaban las nueve y media.
“Entonces, ¿qué pasaba?” El sol ya debería de haber salido, en un día de primavera, el sol amanecía más temprano que nunca.
Encendió el televisor, miró la hora… “las nueve y media”.
Los demás se despertaron y miraron extrañados a su entorno. Todo estaba oscuro y triste. Nada lucía, mas que las bombillas de la casa.
En las noticias comentaban que ese día el sol no había salido aún. Toda la sociedad se derrumbaba. No había luz y por lo tanto, tampoco vida. Todos permanecían en sus casa, a la espera de su más preciado tesoro, el sol.
Nina pensaba que si supiera algo más de los astros, podría explicar lo sucedido, pero nadie sabía lo suficiente.
Nada era ciencia cierta, ni tan siquiera el sol. ¿Quién podría afirmar ahora que éste alguna vez existió? Nadie, y eso era lo preocupante.
Nina tenía la teoría, por lo poco que sabía, que quizás el sol y su luz que les había llegado, era tan sólo la luz de un astro que permaneció hasta… entonces y que por su velocidad en años luz, habría alcanzado otra galaxia.
Había pasasdo una semana, y ni Nina ni su familia tenían buen aspecto. Aparentaban cansados y desanimados. Pronto las bombillas se fundirían y ni siquiera sabían cuándo dormir. En las noticias habían anunciado que los satélites no habían detectado ningún astro por ningún lado, ¿y si se los había tragado algún agujero negro desconocido? ¿Sí, ese conjunto de electrones magenéticos?
Lo cierto es que no habían astros ni planetas que se vieran y todo por la oscuridad.
Estaba claro que lo que eran los astros, ya no eran. No existían, nadie tenía certezas ni seguridad… todo era nada.
Tampoco podían comer porque la comida se estropeaba… sin luz… no hay vida.
Todo era horrible… si Nina hubiera sabido algo más de los astros… su naturaleza… su origen… su intensidad… pero… allí estaba, sintiéndose inútil.
Había logrado superar una semana más, aunque dudaba de su resistencia para llegar más allá de uno ó dos días. Por eso decidió apoderarse de la situación, no permitir que el pánico se apoderara de sus temores, por eso, una brillante idea surgió de su cabeza. Habló con sus padres y demás, les había advertido lo que tenía previsto para salvar al mundo, aunque sin lugar a dudas, no pretendía ser ninguna heroína, sólo, salvar a la humanidad… que tenía mucho que aprender.

La joven cogió todas las estufas que enchufó a un satélite, éstas estaban enchufadas a su vez al sistema eléctrico de la casa.
Había como una cantidad aproximada de ocho ó diez estufas que se veían unidas a un enorme satélite. Las encendió, el calor propagado por las mismas era tan ferviente que el satélite empezó a calentarse y enrojecer, empezaba a salir humo y, como el satélite estaba, a su vez, conectado a la red televisiva, seguía recogiendo ondas. Pero como ahora su funcionamiento era transversal, pues acumulaba todas las ondas que, al llegar a un punto límite de calor, dejó salir con un color rojizo directamente al infinito del espacio.
De pronto, empezó a brillar la seda negra. Las perlas más caras habían vuelto a la vida. Cada vez había más y, de pronto, no se veía ninguna. Un color azul claro se había apoderado de la noche.
Enseguida apareció el sol, cada vez se acercaba más y calentaba mucho, demasiado. Estaba muy cerca, quizás bastante.
Todo se quemaba y se secaba. Nina empezaba a sentir el calor en sus huesos. Veía cómo sus familiares se iban derritiendo poco a poco, al igual que ella… había cometido un error. Había conectado demasiadas estufas y el calor provocado había sido superior al que transmitía el sol en esa zona.
Se derretía, por lo menos le quedaba la esperanza que al otro lado del mundo no le ocurriese nada de eso.
Se quemaba, sentía calor, mucho calor… calor, calor…
“Me quemo, me quemo”, repetía Nina sobre las rocas de la playa. Abrió los ojos. Ante sí lucía el brillante sol, a la misma distancia de siempre. El mar dejaba paso a la tranquilidad y la brisa marina recordaba a Nina que todo había sido una pesadilla.
Era mediodía, el sol quemaba y sus tripas resonaban como el choque de las olas con las rocas.
¡Era hora de comer! Luego lo estudiaría todo acerca de los astros, pero paciencia, amigos. Toda una vida de saber la espera. Ya aprenderá.

Abril 1994

Es obviamente un cuento bastante juvenil, pero pese a ello, con su moraleja. Se podría editar y pulir, pero he preferido dejarlo como estaba cuando lo escribí por primera vez.

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