Hermoso, altivo, majestuoso,
montando guardia
como un fiel centinela,
a la entrada de un mágico bosque.

Vistes tu más hermoso traje,
carmesí como si sangraras,
con bolsillos que hacen juego
con la rebelde hierba
que se niega a cambiar de vestimenta.

Tan elegante y destacado
que se te divisa a lo lejos,
soltando parches de tu costura,
con cada hoja que te abandona
con un susurro silencioso y un tímido adiós.

No te apresures en desnudarte,
pues quiero poder deleitarme
de tu bello traje bermellón
por los escasos instantes
que noviembre me regale.