Historias, poesías, reflexiones y críticas literarias. Todo por el amor a la literatura…

Month: September 2019

Un viaje inolvidable

Viajar siempre fue una especie de terapia para mi alma. Esta vez, necesitaba terapia para mi corazón. Me lo habían vuelto a romper, y no tenía ni fuerzas ni ganas de volver a arreglarlo, así que decidí que mi mejor opción era huir. Escaparme de la miseria, de un trabajo que odiaba, de una relación que me había dejado ahogada en inseguridad y desgana. No podía más, pero sabía que a partir de ese momento era simplemente ir hacia delante. 

Muchos años atrás había descubierto un viaje que había puesto en mi lista de viajes por completar. Se trataba del Zephyr, un viaje que me llevaría de Chicago a San Francisco en tren. Había leído artículos y opiniones muy positivas de la experiencia, así que decidí indagar en mis ahorros, empaquetar una mochila ligera, y encaminarme hacia mi nueva aventura —o sea, mi intento de encontrarme a mí misma nuevamente—.
Al llegar a Chicago me encaminé a la estación de tren preparada a absorber una experiencia como ninguna otra. Siempre me había gustado viajar en tren: era relajante y ameno. Era primavera, y la naturaleza empezaba a volver a la vida, así que no tenía más que expectativas de una experiencia positiva.
Había reservado una habitación: mejor que un asiento y no tan lujoso como un dormitorio. Para mí era suficiente y necesitaba la privacidad. Quería reflexionar sobre mi vida mientras me perdía en el paisaje.
El tren pasó por más de la mitad del país, recorriendo Illinois, Iowa, Nebraska, Colorado, Utah, Nevada y California. Contemplé paisajes para los cuales no hay palabras que les hagan justicia. Colores que sólo la Naturaleza es capaz de crear, lugares vírgenes y libres del contacto humano.
Lo que más me impresionó fue el impacto que el viaje tuvo en mí. Sin duda, recibí el efecto que andaba buscando, pero nunca imaginé que llegaría a tal profundidad de mi alma.

Por fin me vuelvo a sentir completa, yo misma. No necesito pretender ser quien no soy y no necesito impresionar a nadie. Ese viaje me mostró lo que yo sola no lograba ver. 


22 de septiembre, 2019

Un viaje increíble

Un viaje increíble

“¡Abuelo!” Le miré sorprendida. Se encontraba frente a mí, en la puerta de casa, con una sonrisa, su mochila, bicicleta, un pantalón corto y sus playeras. 

“¿Qué haces aquí?” Fue lo único que se me ocurrió preguntar. 

“He venido a visitarles.” Dijo simplemente, como si viviese en el pueblo de al lado. 

Le ofrecí entrar, y mis hermanas y yo le observábamos como si se tratara de un extraterrestre. Nos resultaba insólito tenerle allí, en nuestra cocina, hablando de su día como quien habla de su rutina laboral.

Mamá llegó del trabajo ese día al anochecer. Estaría cansada y no estábamos muy seguras de su reacción. Abuelo nos había contado que era una visita sorpresa y ni siquiera ella sabía que estaría allí. Le habíamos pedido que nos contara todo sobre su viaje y visita en cuanto mamá llegase, así todas seríamos testigos de su aventura simultáneamente. 
Nunca olvidaré la expresión de mamá al verle allí sentado, tomándose un café. Tan ameno y agradable como siempre. Su reacción inicial fue de absoluta negación, como si estuviese viendo un fantasma. Su reacción consecuente fue de acercarse a él, reír y abrazarle.

“Pero… ¿qué haces aquí? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Cuándo viniste? ¿Por qué no me avisaste que ibas a venir? Te hubiésemos ido a recoger al aeropuerto…”
Abuelo la miraba con paciencia y en silencio, permitiéndole sus preguntas y confusión, para luego empezar a narrar su aventura.

“No vine en avión.” Contestó. Aunque había visto su bicicleta al verle, mi cerebro no computaba lo que decía. ¿Cómo que no había venido en avión? ¿Si vivíamos en una isla, al sur de España? Abuelo vivía en Noruega. ¿Cómo podía llegar a una isla…? ¡Oh! Un barco…
“Decidí que quería venir a verles, y también quise hacer un viaje como nunca lo he hecho. En bicicleta…”

“¡¿Qué dices?! ¿Estás loco? Pero si eres un hombre de sesenta y cinco años, ¿y has venido aquí en bicicleta tú solo?” Preguntó mamá incrédula, dejando entrever su lado protector hacia su padre.

Abuelo nos contó cómo había empaquetado lo necesario en su mochila, había cogido su bicicleta, se había encaminado al sur, bajo las múltiples protestas de abuela, quien había tenido que prometer guardar el secreto. Había recorrido parte de Noruega hasta entrar en Suecia, desde donde había cogido un transbordador hacia Dinamarca desde Malmö. Había llegado a Dinamarca tras unos días, pues había tomado alojamiento tanto en Noruega como en Suecia para descansar y reponer energías. 
Desde Dinamarca había pasado cerca de Hamburgo —quiso viajar junto a la costa o cerca de la misma—, luego Bremen hasta llegar a los Países Bajos, que recorrió rápidamente. Entró en Bélgica donde descansó en Bruges, para continuar al día siguiente hacia Francia. Una vez en allí decidió relajar un poco la velocidad. Pasó unos días en París, visitando unos amigos que vivían allí. Siguió rumbo hacia el sur, pasando por Tours y avanzando hacia la costa oeste del país, donde decidió alojarse unos días en un pequeño pueblo junto a la costa. Poco antes de llegar a la frontera con España, decidió cambiar su rumbo de oeste a este, pasando al sur de Toulouse, para ir junto a Andorra y entrar en el país de los conejos. Una vez en España se alojó unos días en Barcelona, para continuar su camino hacia el sur. Nos contó que recorrió la costa mediterránea de España, descansando en Valencia, disfrutando un poco de las playas y la comida valenciana. También decidió desviarse de su ruta para alojarse en Granada, visitar la Alhambra, y contemplar la maravillosa arquitectura del lugar.
Una vez en Cádiz tomó el barco que le dejaría en nuestra isla.

“El resto” dijo “es historia”. Terminó con una sonrisa que mostraba una línea de dientes alineados y resplandecientes. 
Estaba moreno y delgado de su viaje. Revitalizado como nunca le había visto antes.
Mamá lo observaba pensativa y con respeto. No podía creer que su padre hubiese hecho un viaje tan increíble.

De eso hace ya más de treinta años. Abuelo ya no sigue con nosotros, pero esa memoria siempre seguirá vigente en mi mente. Voy a seguir su ejemplo, y cuando tenga sesenta y cinco años haré mi propio viaje increíble.


22 de septiembre, 2019

Goodbye, my friend.

Death. The silent partner of life. That which only comes out to play when all your cards have been dealt and you have no more moves left, not even a trick up your sleeve. That’s death. Always sneaking up on everyone, neither out of spite nor maliciously. That’s just who she is; and she has a very hard time being accepted or feeling welcome. We fear her so much that we try all sorts of maneuvers to avoid her; because we know that once you go out to play with her, you never come back. You don’t return to explain what kind of friend she is, or the type of games you played together. You don’t come back to tell us if there were others to play with; whether the game room was dark or a paradise of beautiful sites. And because we don’t know, we don’t want you to go with her. It scares us; and it saddens us not knowing if we’ll ever see you again. When it comes to death, all we know is that she will always come to play with each and everyone of us at some point. That’s the moment when life decides we’ve played long enough with her and proceeds to introduce us to her partner.

When death came to play with you, my friend, I wasn’t even aware life had made that introduction. I stumbled onto that knowledge as a drunk stumbles into the night after one too many drinks.
I thought you were still happily playing with life and enjoying many of her wonderful gifts.
What a slap in the face!
What a sudden notion!

That’s death for you. She takes your hand and drags you away to have you all to herself; even if you haven’t said all your goodbyes, even when you haven’t had a chance to talk to some friends in years.
She just doesn’t care. She has a schedule to follow and many souls to play with.

The suddenness of it all; of finding out you had changed playmates… it made my heart shrink and ache. It made my mind drown in the memories I kept of you.

As I write this, I hope that your new surroundings include a massive movie screen with your favorite movies. I hope your new playground allows you to share your anecdotes, great stories and jokes.
I hope that when we meet again, you can keep your promise to go watch a good movie for once.

Rest in Peace, my friend. Thank you for the memories and for your friendship. You’ll always have a place in my heart!


Adiós, amigo mío.

La muerte. La socia silenciosa de la vida. Aquélla que sólo sale a jugar cuando ya no te quedan más partidas, ni tan siquiera un truco de ases en la manga. Ésa es la muerte. Siempre acercándose a cada cual furtivamente, sin rencor ni maldad. Simplemente es como es; y le cuesta ser aceptada o sentirse bienvenida. La tememos tanto que intentamos todo tipo de maniobras para evitarla; porque sabemos que una vez que sales a jugar con ella, nunca regresarás. No vuelves para explicar qué tipo de amiga es, o qué juegos jugaron juntos. No vuelves para informarnos si habían otros con los que jugaste; si la habitación de juego era oscura o un paraíso de paisajes maravillosos. Y, al no saber, no queremos que te vayas con ella. Nos asusta; y nos entristece no saber si volveremos a verte. Cuando se trata de la muerte, lo único que sabemos con certeza es que siempre vendrá a jugar con todos y cada uno de nosotros en algún momento: cuando la vida decide que hemos jugado suficiente tiempo con ella y pasa a presentarnos a su socia.

Cuando la muerte vino a jugar contigo, amigo mío, ni siquiera era consciente de que la vida ya te la había presentado. Tropecé con ese conocimiento cual borracho tropieza en la noche tras una bebida de más.
Pensé que seguías jugando con la vida y disfrutando de todos sus maravillosos gestos.
¡Menudo bofetón!
¡Menuda noción repentina!

Esa es la muerte. Te coje de la mano y te lleva consigo para tenerte para sí misma; aún si no te has despedido de todos, aún si ni siquiera has tenido la oportunidad de hablar con algunos amigos en años.
A ella eso le es indiferente. Tiene un horario que seguir y muchas almas con las que jugar.

La brusquedad del asunto; de enterarme que cambiaste de amiga de juego… mi corazón se encoge y se acongoja. Mi mente se preña de las memorias que mantengo contigo.

Según escribo esto, espero que tus nuevos alrededores consten de una gigantesca pantalla de cine donde puedas ver tus películas favoritas. Espero que tu nueva zona de juego te permita compartir tus anécdotas, tus historias fantásticas y tus bromas.
Espero que cuando nos veamos de nuevo, puedas mantener tu promesa de ver una buena película por una vez.

Descansa en paz, amigo mío. Gracias por las memorias y por tu amistad. ¡Siempre tendrás un lugar en mi corazón!


8 de septiembre, 2019