Debían recorrer largos trayectos para completar su trabajo. Los incrédulos, cínicos y todos aquellos con una mente altamente científica, no verían los conos rojos desplazarse a través de los caminos de nieve. No verían cómo se movían rápidamente en la noche frígida, con agilidad y precisión absoluta. Bajo esos conos, las figuras diminutas de los duendes barbudos se concentraban en mantener el ritmo que habían utilizado durante tantos siglos para ver sonreír a los más desamparados, a los más necesitados, a los abandonados y maltratados. Eran los Duendecillos Nativideños, o así los denominaba el folclore. Estos seres permanecían en las sombras el resto del año, pero en la noche antes de la mañana de Navidad, hacían sus rutas.
Visitaban orfanatos, perreras, viviendas para los vagabundos, las calles donde otros pasaban la noche por no haber encontrado asilo en algún lugar con cama, ducha o comida.
La labor de los duendecillos era proveer esperanza, amor y compañía a quienes más lo necesitaban durante la época del año en la que todos recordaban lo que era tener —o, por defecto, carecer de— una familia. Su magia era infinita. Creaban comida; todo tipo de manjares para quienes jamás tenían la oportunidad de disfrutar de dichos lujos.
A los niños en los orfanatos les traían golosinas navideñas y algún juguete simple para su entretenimiento. Les contaban historias durante toda la noche, mientras otros duendes iban a las perreras u otros centros donde animales pasaban la noche sin un hogar propio. Otros tantos recorrían las calles para ejercer su magia y recrear habitaciones con hogueras, camas y comida caliente donde uno de ellos se alojaba durante la noche para contar una bonita historia a vagabundos que durante el resto del año buscaban la manera de sobrevivir.
Los Duendecillos Nativideños eran independientes y habían existido durante siglos y siglos, siempre sirviendo a los más necesitados. El único pago que pedían era una sonrisa a cambio de la esperanza que despertaban en los corazones de aquellos a quienes visitaban año tras año.
6 de enero, 2020
Leave a Reply