
Narra la historia de un adolescente, Todd Bowen, que accidentalmente descubre que en su barrio vive un criminal de guerra de la Segunda Guerra Mundial, Kurt Dussander/Arthur Denker.
Desde un principio podemos ver que Bowen no es un joven “normal”. Según nos adentramos en el relato, nos vamos percatando más y más de que es un psicópata, disfrutando de las historias que el viejo le cuenta (que resulta ser lo que busca). Al principio tiene pesadillas y empieza a afectarle en su vida cotidiana. Sus notas empiezan a deteriorarse y duerme poco. De cierto modo, creo que es porque descubre una parte de sí mismo que sabía que existía, pero nunca había dejado salir. Los relatos de los campos de concentración Nazis que Dussander comparte con él empiezan a despertar ese demonio que había permanecido dormido hasta el momento en que decidió tocar la puerta del viejo. Bowen no es un personaje con el que el lector pueda simpatizar. Al principio, Dussander parece ser una víctima del sadismo del joven. Da cierta pena, pues el lector no entiende bien el pasado de Dussander. Puede que haya sido un oficial de alto rango en la SS, pero a primera vista parece arrepentido de sus actos. Parece que lleva una vida mundana, sin molestar a nadie y preocupándose sólo de sus propios asuntos. Sin embargo, según nos adentramos en la novela y en la naturaleza psicótica de Todd Bowen, también vamos descubriendo que Dussander no es sino un lobo disfrazado de cordero.
Entre viejo y joven se desarrolla una relación simbiótica que atrae las peores cualidades de cada uno. El viejo empieza a recordar el placer que sentía haciendo sufrir a los prisioneros. El lector descubre que uno de sus pasatiempos es atrapar gatos callejeros y asarlos vivos en el horno. No, Dussander no es una víctima. Y según se va desarrollando la historia, vemos cómo su personaje va acaparando más poder y más control sobre la relación que, en un principio, estaba a manos de Bowen.
Ambos conspiran para mantener sus vidas secretas, haciendo lo que sea necesario para que Dussander siga manteniendo secreta su identidad verdadera y Bowen siga escuchando las historias del viejo. Sin embargo, la relación se vuelva cada vez más arriesgada para el joven, ya que tiene menos control sobre el viejo.
Es importante notar que la historia se desarrolla en un período de unos cuatro años, en los que Bowen actúa como si fuera la persona más normal del mundo, haciendo lo que jóvenes de su edad se supone que deben hacer: forma parte de equipos de deporte, se echa novia… etc. Sin embargo, uno de sus pasatiempos es matar a vagabundos a chuchilladas. Algo que el viejo también comienza a hacer, engañándolos para atraerlos a su casa, matándolos allí y enterrándolos en su sótano. Ninguno de los dos sabe lo que el otro está haciendo. Aquí King desarrolla un paralelo entre ambos personajes.
Esto sigue así por algún tiempo, hasta que en una ocasión en la que Dussander empieza a enterrar a una de sus víctimas, sufre un ataque de corazón. He aquí el comienzo del fin de ambos. Llama a Bowen para que le ayude, lo cual hace. No por el viejo, sino por miedo a que se descubra la identidad del viejo, pues tras tanto tiempo, se ha convertido en un cómplice. Una vez en el hospital, descubren que Dussander es en realidad Arthur Denker, criminal de guerra, y le advierten que, en cuanto mejore, lo trasladarán a Israel para someterse a juicio. Algo que el viejo no planea hacer. Dada la oportunidad, se quita la vida. La policía investiga y sospecha que Bowen tiene algo que ver con las muertes de otros vagabundos. Él también se ve acorralado y decide llevar a cabo una de sus fantasías, que es matar con su rifle a conductores en la autopista desde una colina que vigila el paso de los coches.
Si comparamos la novela corta con la película (Verano de corrupción — o El Aprendiz)… ¡Qué decir! La película es, sin más, mediocre. Es una basura absoluta. Bryan Singer estropeó la historia por completo. En la película, Bowen (Brad Renfro) no se convierte en el monstruo que es en la novela. No mata a nadie —excepto a un pájaro que también mata en la novela, pero de otro modo—,ni siquiera al consejero escolar a quien mata frente a su propia casa sin pensarlo dos veces. Tampoco se muestra muy bien la relación que existe entre ambos, y cambian por completo la manera en que Dussander (Ian McKellen) engaña a los vagabundos para atraerlos a su casa. La película es un auténtico fiasco. Yo la vi cuando salió, creo que la fui a ver en el cine en el ’99. Y recuerdo que, aunque no había leído el libro, pensé que era malísima. Ni siquiera McKellen, que es un actor fabuloso y hace muy bien el papel de Dussander, consigue rescatar esa basura de guión. El aspecto más interesante de la novela es cómo King explora esa relación entre ambos, cómo los recuerdos de uno despiertan los demonios del otro. Cómo el viejo va recordando quién era y, por ello, recobrando más vida. Somos testigos de cómo ambos personajes se van alimentando de la energía del otro. Todo eso se pierde en la película cuando Singer decide no desarrollar el personaje de Bowen tal y como aparece en el libro.
Recomiendo que, querido lector, te saltes la película por completo. Hay miles de películas mejores. A no ser que tengas curiosidad por compararla con el libro.
Por lo tanto, le doy 5/5 estrellas a la novela y 2/10 estrellas a la película.
Las cuatro estaciones / Different Seasons
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17 de noviembre, 2019

