Historias, poesías, reflexiones y críticas literarias. Todo por el amor a la literatura…

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Mi sueño

El océano siempre me fascinó. Supongo que el hecho de haber crecido en una isla ayudó con esa fascinación casi obsesiva.
Todo lo perteneciente al océano me atraía: su vegetación, el mundo que allí existía tan lejos de nuestro alcance. Lo desconocido, lo singular y lo temido. Entre esto último, los tiburones. Fueron siempre las criaturas que más picaban mi interés. Tal vez porque me sentía en cierto modo identificada con ellos: totalmente incomprendidos. Quería aprender a entenderlos mejor, a comprender su comportamiento, sus costumbres y todo a lo que ellos se refería. Cuando era niña recuerdo haber visto la película Tiburón de Spielberg. Me asustó mucho, pero de una manera que despertaba más aún mi curiosidad.
Había leído que algunas especies de tiburones estaban en vías de extinción. Había leído las atrocidades que algunas culturas ejercían contra estos pobres animales: pescándolos del agua, cortándoles las aletas y arrojándolos vivos de nuevo al agua, para que allí murieran en el fondo del océano, sin poder protegerse, luchar o morir dignamente.

¿Por qué se le temía tanto? Durante mi adolescencia leí todo lo que pude sobre estas pobres criaturas, como que la carne humana no les agradaba. Era más probable que un rayo te alcanzara que ser atacado por un tiburón. Tal vez el miedo existía porque hay tanto del mar abierto que el ser humano no comprende. Tal vez porque no tenemos control sobre las criaturas y todo lo que se esconde en sus profundidades. No lo sé, lo que sabía cuando era joven es que quería trabajar con tiburones. Así que estudié para ser bióloga marina. Tuve ocasiones de observar de cerca a dichos animales. Eran impresionantes.
Ahora, a mis más de 60 años puedo estar orgullosa de mis logros, entre ellos, estudiar un cardumen de tiburones durante años, entablando amistad con uno de ellos. Recuerdo vívidamente los días que me sumergía allí, entre ellos, y Roco (así lo llamé), venía a mí para que le acariciara, tal cual perro de casa. Fue una experiencia increíble.
Desde aquellos días, mucho ha cambiado en el medio ambiente. La captura y carnicería de tiburones en los océanos —todos ellos— fue prohibida hace muchos años. Con el conocimiento, viene la libertad, y cuando la gente se hizo consciente de que la sopa de aleta de tiburón requería tal maltrato, la demanda disminuyó inmensamente.
Hoy en día sigo trabajando con estas criaturas e intentado educar a la gente sobre su naturaleza y su comportamiento para que, tal vez, dejen de ser temidos y, por tanto, dejen de ser animales en vía de extinción.

14 de octubre, 2019

El océano de mi corazón

Tocándome como lo hacías en el pasado
tus manos más frías,
pero igualmente suaves.
Cubriendo mi cuerpo con tus húmedos labios
y dejando en mi piel tu sabor salado.
Amándote con tanta intensidad…
o más,
porque te he añorado.
Te miro y tiemblo,
porque sé que el adiós se acerca.
Te miro y cierro los ojos,
para inhalar tu amargo y dulce aroma.
Con tu lengua lames,
tu humilde señora,
que con hospitalidad te acoge
e incondicionalmente te ama.
Te añoro tanto,
tus sonoros ronquidos,
o tus suaves murmullos.
Me voy…
Te dejo…
Pero no temas,
pues en el corazón siempre te llevo.

Julio 2006