¿Quién no se ha sentado a cavilar sobre el rumbo de su vida? ¿Sobre lo compleja que ésta puede parecernos a veces y sobre el camino que hemos tomado y el que nos queda por recorrer?
Este poema, a continuación, también fue escrito durante mi adolescencia, aunque pasados ya algunos años desde entonces, tal vez debiera (o, mejor dicho, me gustaría) recapitular sobre esas ideas y darle un nuevo ángulo.

¿Qué es la vida?
Es un camino sin guía,
es un sueño sin pesadilla,
es la maravilla de sentir,
es la hermosura de vivir.
La vida es la luz
que torna al mundo,
es un sentimiento muy profundo
que te hace querer.
Hay que saber vivir,
hay que saber perder,
no hay nada que temer,
también hay que sufrir.
Es necesario saber afrontar,
los pequeños y grandes problemas,
que si no se cuidan,
se convierten en auténticos dilemas.
La vida no es abandonar,
cuando algo te sale mal,
es saber llevar,
lo que te hace reflexionar.
¡Ay… vida!¡Quién pudiera
ignorarte como una piedra!
Ya que a veces,
se lo haces pasar fatal
a quienes no te comprenden
y no entienden…
el sentido de sus vidas.
Eres dulce y amarga,
eres buena y mala,
hay que saber utilizarte,
para poder amarte.

Junio, 1994