inmigrar.
(Del lat. immigrāre).
1. intr. Dicho del natural de un país: Llegar a otro para establecerse en él, especialmente con idea de formar nuevas colonias o domiciliarse en las ya formadas.
2. intr. Dicho de un animal: Instalarse en un territorio distinto del suyo originario.
exilio.
(Del lat. exilĭum).
1. m. Separación de una persona de la tierra en que vive.
2. m. Expatriación, generalmente por motivos políticos.
3. m. Efecto de estar exiliada una persona.
4. m. Lugar en que vive el exiliado.
Observando la definición que tan elocuentemente nos ofrece la RAE, inmigrar no parece sino un hecho mecánico que forma parte de la evolución del ser humano. Comparándolo con el exilio vemos cómo uno es voluntario mientras que el otro es ajeno a uno mismo (situaciones políticas, sociales, religiosas)
La inmigración – y por defecto el exilio – han llegado a formar parte natural de nuestras vidas diarias. Permanecer en el mismo lugar ya no es considerado interesante. Me explico. Obviamente, la persona que sale de su país por razones ajenas a sí mismo o, en otras palabras, que se ve forzado a dejar su patria por desacuerdos con su gobierno, grupos religiosos que con su fanatismo aniquilan todo aquello que se mueve o, simplemente, la pobreza es tan dueña de su vida que busca una salida en otro lugar, no tiene otra opción sino escapar, exiliarse. Ya no es por ser interesante o aventurero, sino que busca la supervivencia y un mejor nivel de vida (generalmente acaba en un lugar explotado por un gobierno capitalista que le arranca todas las ganas de vivir con las garras de la avaricia).
Siendo yo misma inmigrante y no exiliada, no deseo entrar en un tema que no he experimentado, por lo que me integraré en la inmigración y lo que para mí ha signifi cado dejar mi país para llegar a otro… tal vez un alma miserable se identifi que con la mía. Llegué hace poco más de seis años. Dejé un país que económicamente se ha desarrollado a la velocidad de la luz desde la muerte de su dictador, Franco. Y no sólo vengo de un lugar que no tiene problemas políticos (obvios) , sino que, además vivía en una isla cuyo clima se mantenía a una temperatura moderada durante todo el año.
¿Por qué Canadá? Me preguntan con rostros atónitos y fuera de sí los canadienses. Supongo que la mejor excusa que tengo es la universidad… claro que siempre está la curiosidad. ¿Qué se encuentra al otro lado del charco? Me preguntaba con frecuencia en mi niñez. Y la curiosidad se encendía con los años. Dice el dicho en inglés: “Curiosity killed the cat” a lo que un personaje en una novela de Stephen King replica: “and satisfaction brought him back”. Y no puedo sino sonreír cuando pienso en esa segunda parte. En efecto, la curiosidad me trajo a este país… pero la añoranza es más fuerte que la satisfacción. Nunca fui nacionalista, hasta que dejé mi país. Creo que, en general, uno nunca llega a adaptarse por completo a un nuevo ambiente aún cuando se es extrovertido y abierto a otras culturas. Siempre se piensa atrás y se anhela lo que un día se tomó por sentado; ya sea la familia, o los amigos, o las playas, o el sol radiante, o las horas extras de luz en el invierno… Y uno intenta formar parte de la nueva sociedad a la que ha llegado, pero cuando esa melancolía se presenta aún cuando no ha sido invitada, uno comienza a rodearse de gente de su cultura o que le recuerdan a la misma. Uno se siente más aceptado e identifi cado con “su misma gente” y empieza a alienarse de la sociedad que le rodea, lo cual causa una segregación cultural y étnica.
Lo difícil no es inmigrar, ni adaptarse, es mantener el papel que se ha deseado jugar en la vida, en este caso, el de ciudadano en una cultura ajena a la de uno mismo.
Noviembre 2004