Tocándome como lo hacías en el pasado
tus manos más frías,
pero igualmente suaves.
Cubriendo mi cuerpo con tus húmedos labios
y dejando en mi piel tu sabor salado.
Amándote con tanta intensidad…
o más,
porque te he añorado.
Te miro y tiemblo,
porque sé que el adiós se acerca.
Te miro y cierro los ojos,
para inhalar tu amargo y dulce aroma.
Con tu lengua lames,
tu humilde señora,
que con hospitalidad te acoge
e incondicionalmente te ama.
Te añoro tanto,
tus sonoros ronquidos,
o tus suaves murmullos.
Me voy…
Te dejo…
Pero no temas,
pues en el corazón siempre te llevo.
Julio 2006
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